“Solo la Verdad nos hará Libres”.
En esto Jesús, Buda, el Che, Gandhi, Freud y hasta el sentido común, concuerdan. Y no es casualidad, porque comparten el intenso anhelo de liberar a los hombres de sus miserias.
A todos nos pasa que a veces nos encontramos presos de situaciones dolorosas, confusas, de malestar o enfermedad. A veces las sufrimos en nuestro interior, solos. A veces las padecemos en nuestra relación con los demás. Frente a esta nube de malestar y dolor, necesitamos aventurarnos hacia lo que en nuestro corazón esta presente como una llamita, esperando que la veamos: Nuestra verdad.
Nuestra significa compartida, y a la vez íntimamente propia. Es un espacio vivo, donde todos los seres (que a veces hablan como personajes internos o a veces se reflejan en los demás a través de las palabras de quienes nos rodean) necesitan dialogar, con respeto y fundamentalmente, con ganas de escucharse, con paciencia, sin imponerse uno sobre otro.
Para hacerlo mas claro les propongo algo: ¡juguemos a que estamos en un espacio donde algunos caminantes, buscadores de la verdad, se reúnen a dialogar sobre sus descubrimientos!
Gandhi nos contaría: “La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia contra enemigos exteriores.”
Mientras que Machado le respondería: “¿Tu verdad? No, la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.
¿Parecen dos caminos distintos? Bueno, pues, nos diría el conocimiento popular “las apariencias engañan”. Y nada más lejos de la verdad que un engaño. O como aportaría Huxley: “Una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante.”
A pesar de que nunca la verdad se presenta sin interés (puede ser que vaya en contra de ciertos intereses, lo cual es muy distinto). Muchas veces nos dormimos en las nubes de las falsedades emocionantes, pero justamente (al caer en el sopor del engaño) no nos damos cuenta que es solo un sueño. Lo percibimos como algo único, vivido, real y además sentimos que nadie nos puede comprender. Vivenciamos a los demás como extraños y hostiles. En ese sopor comienzan todos los problemas.
Si ese sopor se instala en la mente, nos deprimimos o nos nublamos. Si eso nos pasa en el trabajo o en nuestra familia, nos pelamos. Si nos pasa en el cuerpo, nos enfermamos.
Pero, a no desesperar! Siempre las nubes son pasajeras. O como diría Epicteto: “La verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad”. Es claro!!! Porque esas nubes son simplemente aquello que nosotros hemos lanzado al espacio, mal comprendido y vuelve a nosotros para que lo revisemos, lo aclaremos y aprendamos. Si les sacamos la complicidad de nuestra ignorancia, la verdad brilla.
Por eso es necesario hacer el trabajo de despejar las nubes que nos aprisionan y zambullirnos en la agüita clara, transparente y aliviante del camino hacia la verdad, para salir de lo que nos hace daño y comprendiendo, encontrarnos con lo que bendice la tierra de la realidad y hace que nuestra vida resplandezca. Hay muchos caminos para encontrarse con esa vertiente clara y luminosa. Podemos sentarnos a meditar, hacer una buena terapia, leer un libro estimulante, ir a comulgar con Dios (a través del culto que profesemos, si es que profesamos alguno), charlar con un amigo, bailar… Todo depende del momento en que estemos viviendo y la situación por la que estemos atravesando. Lo importante es salir de la celda y animarse a buscar.
Lic. Daniela Tagliani


































