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Cultura

Cuento de la tradición Cherokee (USA).

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Un antiguo indio Cherokee dijo a su nieto, “Hijo mío, dentro de cada uno de nosotros hay una batalla entre dos lobos. Uno es malvado. Es la ira, la envidia, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras y el ego. El otro es benévolo. Es la dicha, la paz, el amor, la esperanza, la humildad, la bondad, la empatía, la verdad.”

El niño pensó un poco y preguntó, “¿Abuelo, qué lobo gana?”.

El anciano respondió, “El que alimentas”.

 

 

 

“Algo más que un simple juego de niños…”

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“Quiero un tiempo pero tiempo no apurado,

tiempo de jugar que es el mejor,

pedía Osías, en una canción de M. E. Walsh

 

                 El juego es una necesidad esencial para la infancia. Un medio de expresión y aprendizaje, que propicia el desarrollo, las capacidades y valores de una persona. A través del juego, los niños, aman, conocen, comprenden, sueñan, descubren, crean, con otros y con ellos mismos. Jugar es, reírse, divertirse, aceptar reglas, en un ámbito compartido con otros.  Es importante que dentro de la sociedad, y principalmente, desde el ámbito educativo, lugar en el cual me encuentro desde mi rol docente, se brinden espacios de juego, para generar una mejor calidad de vida, y un encuentro con el otro, sin importar las edades, clases socioeconómicas o nacionalidades. La actividad lúdica, une, sólo hace falta que lo practiquemos, por ésta razón, es fundamental otorgarle el espacio, tiempo y valor que se merece.

 

          Gianni Rodari - escritor, maestro y pedagogo italiano-, en relación con éste tema afirma:

       “(...) No se trata ya de jugar ‘en lugar del niño’, relegándolo al humillante papel de espectador. Se trata de ponerse a su servicio. Es él quien manda. Se juega ‘con él’, ‘para él’, para estimular su capacidad inventiva, para proporcionarle nuevos instrumentos que pueda usar cuando juegue solo, para enseñarle a jugar. Y mientras se juega, se habla. Se aprende a hablarle a las piezas del juego, a darles nombres y papeles, a transformar un error en una invención, un gesto en una historia (...); pero también —como hace el niño— se trata de confiar a las piezas mensajes secretos, para que sean éstas las que digan al niño que se le quiere, que puede contar con nosotros, que nuestra fuerza es suya."[1]

             

           Y… ¿cómo sería un sociedad si los niños no jugaran? ¿serían los mismos niños?, evidentemente no. Los adultos tampoco serían los mismos si se permitieran jugar más seguido. ¿La sociedad sería la misma? Sin duda no. Seríamos seres más creativos, mejor preparados para la vida, para resolver problemas, las relaciones personales serían menos conflictivas porque a través del juego desarrollaríamos la comunicación, la socialización y la reflexión de nuestros propios actos.

 

            Es necesario que, antes de fomentar el juego, lo revaloricemos primero en nuestra vida cotidiana, vivenciándolo y reflexionando sobre el fenómeno. Desde la escuela, se podrían organizar proyectos en los que se incluya a las familias, en donde tengan la oportunidad de jugar, de fabricar juguetes para sus hijos, que seguramente serán más significativos para los niños que los comprados en una juguetería, en donde exista un lugar para el hacer, la reflexión y la transmisión.

 

Sentir lo que los niños sienten cuando juegan, de eso se trata, porque para defender algo, hay que conocerlo primero en su totalidad.  Y eso es una responsabilidad de cada uno de nosotros como adultos.

 

Silvina Bornic

Docente de Nivel Inicial y  Educ. Plástica.

 

 


[1]  Rodari, G., Gramática de la fantasía, Introducción al Arte de inventar historias, 1973

 

La carreta vacía

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Cuentos Sufíes


Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:


Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más? Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

Estoy escuchando el ruido de una carreta.

Eso es, dijo mi padre, y es una carreta vacía.

¿Cómo sabes que es una carreta vacía, sí aún no la vemos?, le pregunté.

Entonces mi padre respondió:

Es muy fácil saber, a través del ruido que hace, cuando una carreta está vacía. Cuanto más vacía está, mayor es el ruido que produce.

Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuno o violenta, presumiendo de lo que tiene, y considerando de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: “Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.

La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Nadie está más vacío que aquél que está lleno de sí mismo.

 

DEL ABURRIMIENTO A LA CREATIVIDAD

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Desde que la Revolución Industrial se empeñó en medir y pesar todas las cosas, nuestra vida diaria se hizo cada vez más cuadriculada.

Nada hay más monótono que una pared lisa prolijamente pintada, que un edificio dividido en cientos de viviendas iguales, que las calles simétricas que se cortan en ángulo recto.

Nada atenta más contra el espíritu que las tareas mecánicas y repetidas que ejecutamos todos los días en una ciudad.

Inventamos una gran cantidad de aparatos que nos ahorran esfuerzos, pero luego vamos al gimnasio para hacer movimientos iguales y en serie para que nuestros músculos no se atrofien.

Decidimos de común acuerdo con la "ciencia" y la "técnica" tipificar, clasificar y dictaminar las cantidades de todo aquello que debemos tener para una "buena vida". Y así consumimos comida pre digerida, medicina prepaga y diversión predeterminada.

A fuerza de vivir en la rutina nuestra mente se ve atrapada en un laberinto y comienza a arrinconarse cada vez más. Nos convencemos de que el único espacio posible está limitado. Ya no imaginamos que podemos saltar, volar, derribar muros, tender puentes y crear nuevos caminos.

Tanta monotonía nos extravía del contacto con nuestro ser, nos hace perder el rumbo, el sentido de nuestra vida y nos sume en el gris de la tristeza y la depresión.

Una existencia cuadriculada genera soledad, hastío, frustración y violencia.

Por fortuna en las últimas décadas hubo quienes quisieron reinventar la realidad y nos llenaron de nuevos colores, músicas y sueños: los hippies, los pacifistas, los rebeldes, los nuevos místicos, artistas y escritores.

Gracias a ellos despertamos a otras opciones.

Nuestra esencia es ser creadores y cocreadores con la Naturaleza y con Dios.

Miremos los campos, los bosques y los ríos. Ellos desbordan de variedad y multiplicidad, color aroma y sonido. La vida se reinventa y se renueva a cada instante.

Comencemos hoy, ¡ya! a atrevernos a algo diferente.


Lic. Adrián Tucci.

 

Semana Santa

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Te cantaré una saeta

con mi voz pequeña y torpe,

pastor de niños perdidos,

rayo de Luz en la noche.

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