“Quiero un tiempo pero tiempo no apurado,
tiempo de jugar que es el mejor”,
pedía Osías, en una canción de M. E. Walsh
El juego es una necesidad esencial para la infancia. Un medio de expresión y aprendizaje, que propicia el desarrollo, las capacidades y valores de una persona. A través del juego, los niños, aman, conocen, comprenden, sueñan, descubren, crean, con otros y con ellos mismos. Jugar es, reírse, divertirse, aceptar reglas, en un ámbito compartido con otros. Es importante que dentro de la sociedad, y principalmente, desde el ámbito educativo, lugar en el cual me encuentro desde mi rol docente, se brinden espacios de juego, para generar una mejor calidad de vida, y un encuentro con el otro, sin importar las edades, clases socioeconómicas o nacionalidades. La actividad lúdica, une, sólo hace falta que lo practiquemos, por ésta razón, es fundamental otorgarle el espacio, tiempo y valor que se merece.
Gianni Rodari - escritor, maestro y pedagogo italiano-, en relación con éste tema afirma:
“(...) No se trata ya de jugar ‘en lugar del niño’, relegándolo al humillante papel de espectador. Se trata de ponerse a su servicio. Es él quien manda. Se juega ‘con él’, ‘para él’, para estimular su capacidad inventiva, para proporcionarle nuevos instrumentos que pueda usar cuando juegue solo, para enseñarle a jugar. Y mientras se juega, se habla. Se aprende a hablarle a las piezas del juego, a darles nombres y papeles, a transformar un error en una invención, un gesto en una historia (...); pero también —como hace el niño— se trata de confiar a las piezas mensajes secretos, para que sean éstas las que digan al niño que se le quiere, que puede contar con nosotros, que nuestra fuerza es suya."[1]
Y… ¿cómo sería un sociedad si los niños no jugaran? ¿serían los mismos niños?, evidentemente no. Los adultos tampoco serían los mismos si se permitieran jugar más seguido. ¿La sociedad sería la misma? Sin duda no. Seríamos seres más creativos, mejor preparados para la vida, para resolver problemas, las relaciones personales serían menos conflictivas porque a través del juego desarrollaríamos la comunicación, la socialización y la reflexión de nuestros propios actos.
Es necesario que, antes de fomentar el juego, lo revaloricemos primero en nuestra vida cotidiana, vivenciándolo y reflexionando sobre el fenómeno. Desde la escuela, se podrían organizar proyectos en los que se incluya a las familias, en donde tengan la oportunidad de jugar, de fabricar juguetes para sus hijos, que seguramente serán más significativos para los niños que los comprados en una juguetería, en donde exista un lugar para el hacer, la reflexión y la transmisión.
Sentir lo que los niños sienten cuando juegan, de eso se trata, porque para defender algo, hay que conocerlo primero en su totalidad. Y eso es una responsabilidad de cada uno de nosotros como adultos.
Silvina Bornic
Docente de Nivel Inicial y Educ. Plástica.
[1] Rodari, G., Gramática de la fantasía, Introducción al Arte de inventar historias, 1973